Con el resultado obtenido en las últimas elecciones generales por el P.S.O.E. ya van dos derrotas abrumadoras seguidas en las urnas, siendo la anterior y primera en las elecciones municipales de mayo pasado, sin que en la cúpula dirigente del Partido Socialista se tomen decisiones drásticas que afecten a todos los sectores del mismo.
No parece que tamañas derrotas sean responsabilidad de nadie dentro del partido, antes más bien la responsabilidad habría que buscarla -según ellos- fuera de él, y si se busca en el ámbito de lo abstracto mejor, pues de ese modo no afectará a persona alguna. Así, el culpable sería la "crisis económica internacional" o "los mercados financieros internacionales" o "el hombre del saco".
Pues bien, ya va siendo hora de que entre la cordura y la sensatez en los cuadros dirigentes de dicho partido y empiecen a asumir esas responsabilidades que les corresponden.
Los votantes del P.S.O.E. han perdido la confianza en este partido y ello no se debe sólo a los recientes batacazos electorales, pues a mi juicio todo comenzó cuando, por mor de esa crisis que nos venía de fuera, aunque agravada en este jodido País debido a las peculiaridades de nuestra economía, más importante desde siempre a procurar el pelotazo rápido que a consolidar los cimientos de un eficiente sector productivo industrial; el gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero decidió deshacer todo lo andado en la primera legislatura en materia de políticas sociales y acometer reformas laborales, sociales y financieras, con la buena intención de salvar al país de la susodicha crisis, y que no figuraban en el programa electoral para el que se nos había pedido esa confianza en las elecciones generales de 2008.
No debió seguir por ese camino. Debió dimitir y convocar elecciones anticipadas y presentar, él u otro si él no se veía capaz, un programa electoral más adecuado y con las medidas más eficaces para atajar la crisis que a empezaba a golpearnos. Al no actuar de ese modo hizo posible el brote del germen de la desconfianza tanto hacia sí mismo como hacia el gobierno que presidía y, por ende, hacia todo el P.S.O.E., fuera donde fuere donde estuviere gobernando.
A partir de ahí todo fue a peor, pues las diferentes medidas que se adoptaban por el gobierno socialista del Sr. Rodríguez Zapatero para atajar la crisis nunca fueron efectivas, siendo el resultado siempre más desempleo y mayor estancamiento de la economía y mayores problemas de financiación y más endeudamiento internacional, lo que redundaba en más desconfianza que aprovechaban los partidos políticos de la oposición para meter cizaña, sobretodo el Partido Popular que pescaba en río revuelto.
Y toda esa desconfianza, sumada a la persistencia y agravamiento de la crisis, con la economía en franca recesión, cinco millones de parados y unas perspectivas de futuro perdidas en la densa niebla de la desesperanza fue la causante de las sendas derrotas electorales sufridas por el P.S.O.E.
Por todo ello, esta situación no puede seguir así, pues si no se actúa de inmediato, el P.S.O.E. está abocado a su perdición, siendo necesario e imprescindible que se produzca una regeneración ideológica del partido socialista obrero español, volviendo a recuperar las políticas socialistas y progresistas olvidadas, abandonando, de una vez por todas, la deriva neoliberal en la que se hallaba embarcado al impulsar políticas mercantilistas y conservadoras que no le corresponden por su definición como partido socialista de izquierdas.
Para ello es necesario el cambio de individuos en todos los cuadros del partido, desde la Secretaría General de la Ejecutiva Nacional hasta el último de los secretarios de las agrupaciones locales, pues los que ocupan hoy tales puestos están todos demasiado ligados a la figura del Sr. Rodríguez Zapatero.
Es necesario encontrar nuevas caras capaces de convencer al electorado leal y al perdido, con proyectos sociales más próximos al pueblo llano que es el que sufre a la postre, siempre, las consecuencias de todas las crisis.
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