El pasado 20 de noviembre, domingo para más señas, como siempre, fuimos convocados por nuestra 'clase política dirigente' para decidir, mediante nuestro voto, a quién queríamos de entre un elenco de prohombres de la política patria para la gobernanza de esta nuestra piel de toro ibérica durante los próximos cuatro años.
Los que nos habían convocado para tan feliz acontecimiento, esto es, el gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero, del P.S.O.E., se habían visto obligados a ello y adelantar las elecciones -pues no tocaba hasta la primavera del año próximo- a causa de la dramática situación propiciada por la pertinaz crisis económica y laboral en la que se veía inmersa España.
Siendo honestos hemos de reconocer que el origen de este drama económico no fue a causa de las políticas sociales impulsadas por el gobierno socialista del Sr. Rodríguez Zapatero en su primera legislatura, aunque sí -en parte- por la profundidad y persistencia de la misma, como consecuencia de la falta de respuesta inmediata, en primer lugar al no reconocer la crisis cuando ésta se iniciaba, y de la falta de rigor y la extraordinaria confusión en la aplicación de medidas efectivas para afrontarla, posteriormente.
Cuando, tras el recuento electoral, nos dieron a conocer los resultados, pudimos constatar que este jodido país había votado mayoritariamente al Partido Popular (lo que ya habían predicho las encuestas en el desarrollo de la campaña electoral con insistencia), logrando una apurada mayoría absoluta, con el consiguiente hundimiento del P.S.O.E. (al que se había hecho responsable de la crisis económica y, por ende, del brutal aumento del paro) y, además, la reaparición de otros partidos políticos con menor representación.
Por consiguiente, se confirmaba, este jodido país no es que daba un decidido paso a la derecha, es que daba un triple salto mortal con varios tirabuzones hacia políticas conservadoras inconcretas y deliberadamente ambiguas, promovidas por el Partido Popular durante la campaña electoral, con el único objetivo de conseguir capitalizar el descontento de la ciudadanía, pero sin concretarlas para evitar perder ese apoyo.
De este modo, el Sr. Rajoy -candidato a Presidente del Gobierno por el Partido Popular- consiguió no sólo mantener a los suyos (a la vista casi innecesario dada la fidelidad del electorado conservador), sino arañar un buen puñado de votos de aquellos que han creído los cantos de sirena de los prohombres de la derecha española, a los que se les llenaba la boca responsabilizando al gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero y al P.S.O.E. de todos los males de la sociedad española y asegurando que disponían de la fórmula secreta y milagrosa que sacaría al país de sus pesadillas económica, social, laboral, financiera, etc., en cuanto fueran gobierno.
Desde luego lo que hemos podido ver en este jodido país, antes, durante y después de las elecciones generales -bien llamadas "generalísimas" por analogía con la fecha en la que se han celebrado, el 20 de noviembre-, no se ha visto nunca; tal es exigir el voto para el P.P. más por desahuciar del gobierno al P.S.O.E. por 'incompetencia flagrante' que por convencer al electorado con ideas o proyectos concretos para atajar la crisis económica, laboral, financiera, etc.
Por tanto, el Sr. Rajoy ha conseguido su mayoría absoluta con la que podrá gobernar sin oposición firme, piénsese que el P.S.O.E. entra ahora en una dinámica de regeneración política y personal que le llevará un tiempo, y que la suma de los demás partidos, aunque algunos de ellos posean grupo político propio, como es el caso de Izquierda Unida liderada por Cayo Lara, o C.i.U., P.N.V., etc., no supondrán más que un incordio momentáneo del que se liberarán con un simple manotazo como si de un molesto mosquito se tratare, y así tendrá las manos libres para aplicar las medidas que determinen los grandes poderes financieros, la gran banca y las multinacionales internacionales, a las que este hombre y su gobierno (cuando lo designe) va a defender con inquebrantable devoción, toda vez que son los que le auparon y ahora mantendrán en el puesto que va a ocupar, Presidente del Gobierno de España.
Felicidades, Sr. Rajoy, consiguió lo que quería.
Mis condolencias a los demás, pues nos tocará sufrirlo durante bastante tiempo.
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