
El día 30 de noviembre, la muy Ilustrísima Alcaldesa-Presidenta del Ayuntamiento de Fuengirola, rodeada de toda su guardia pretoriana (los 17 concejales populares), tubo a bien explicar a todos los empleados municipales, a los que nos había convocado en asamblea, los graves problemas financieras por los que está atravesando la gestión del ayuntamiento que dirige.
Inició su discurso a modo de mitin ideológico populista, culpando de todos los males del municipio al gobierno del PSOE y, por supuesto, al Sr. Griñán, presidente andaluz, y al Sr. Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno de la nación, quienes por su incompetencia en la gestión de la crisis habían llevado al país al pozo donde se hallaba hundido. Todo ello convenientemente arropado con un vídeo de confección doméstica (elaborado por sus fieles de Fuengirola Televisión -ftv-) en el que se enfatizaba la extraordinaria gravedad del paro en España -más de cuatro millones de desempleados- y en Andalucía -más del 30 por ciento de andaluces-.
Continuó con una maratón de frases grandilocuentes para envolver las duras y graves decisiones que se vería obligada a adoptar en el caso de que los representantes sindicales de los trabajadores municipales no asumieran que para resolver los conflictos económicos del ayuntamiento era necesario reducir los sueldos y otros derechos de aquéllos (como si nuestros sueldos fueran los culpables de tales conflictos económicos).
En varias ocasiones hizo hincapié en que el consistorio no tenía dinero suficiente para afrontar los sueldos de todos y mucho menos si, además, había que abonar todo cuánto reclamáramos en materia de derechos sociales, y, sobre todo, si eran los funcionarios los que lo hacían, cuando nos podíamos considerar unos privilegiados, pues nosotros -los funcionarios, y especialmente los policías- teníamos un trabajo seguro, lo que no podían decir con rotundidad los trabajadores laborales, de los que a algunos se vería obligada a despedir si no se llegaba a acuerdos.
Por consiguiente, y para evitar que se viera obligada, por nuestra tozudez en mantener el magnífico convenio del que gozábamos, a despedir a algunos trabajadores, todos los empleados deberíamos aceptar una batería de recortes en el cobro de horas extraordinarias, de gratificaciones por trabajar sábados, domingos, festivos, de noche, etc. Incluso quizá fuera necesario rebajar algo los sueldos, pues eran más elevados de lo que son los sueldos medios de los trabajadores del sector privado.
Era necesario que supiéramos que su intachable administración era de las pocas que no había subido los impuestos desde hacía más de diez años (evitando así saquear más los escasos dineros de los fuengiroleños), y que las pocas subidas practicadas -como la del I.B.I.- eran debidas a las necesidades de recursos del gobierno de la nación.
Para finalizar, fue muy vehemente en el mensaje que le convenía hacernos llegar a todos, y que venía a repetir que si en la negociación del convenio próximo, los sindicalistas no se avenían a sus deseos, se vería obligada a tomar drásticas medidas como las adoptadas por los consistorios vecinos, donde ya se habían iniciado despidos, como en Torremolinos, Benalmádena, Estepona, etc., algo que ella no deseaba.
Debíamos trabajar más y cobrar menos, y disponer de menos derechos sociales.
Así consiguió descargarse de responsabilidades que nos traspasó a los trabajadores municipales, haciéndonos responsables, a los ojos de la opinión pública fuengiroleña pues se permitió el lujo de retransmitir el acto por su televisión personal, de los graves problemas financieros del ayuntamiento. No se puede ser más demagogo!
Y yo sin saber que tenía capacidad para decidir sobre la gestión municipal!!
Deberíamos presentarnos todos en los despachos de la primera planta del edificio municipal para expulsar a los que allí estén sentados por irresponsables!! Sin olvidarnos de los que halla en la tercera y cuarta plantas, también a la calle!!
Fuengirola, despierta ya!!